Experimentos con el color para los pequeños de la casa.

No todos los científicos están en la NASA o necesitan sofisticados microscopios para ver hasta el último detalle de la materia. Los más jóvenes de la casa también pueden ser científicos y artistas de primera categoría, gracias a pequeños experimentos y juegos basados en los colores. Así lo demostró recientemente el “Laboratorio del Color”, una iniciativa desarrollada en Madrid que tuvo como protagonistas a los niños.

En éstos laboratorios trabajan cada día más de 100 químicos que buscan optimizar los procesos de impresión para que sean más fiables y de más calidad. Y es precisamente a esos químicos a los que emularon los niños que acudieron a la Fnac de Callao, en Madrid, a experimentar con el color. Los experimentos no pasaron de ser sencillos e inocuos juegos, pero demostraron que hasta los más jóvenes saben distinguir qué colores son más reales, más vivaces y más puros.

Una pelota, una muñeca o un dinosaurio de juguete pueden ser perfectos para entretener a los más pequeños de la casa. Pero si quieres que se diviertan y aprendan al mismo tiempo existen algunos coloridos juegos químicos con los que los niños se lo pasarán en grande.

Con las manos en la masa

Por ejemplo, para crear un pequeño y colorido juguete antiestrés basta con mezclar cola blanca, bórax (un producto químico presente en cualquier droguería) y colorante de tonos muy vivos. Al mezclarlo todos se obtiene una especie de goma pegajosa parecida a las bolitas antiestrés de colores flúor gracias a la mezcla del colorante y el bórax.

 Explosión de colores

Otro ejemplo de sencillos experimentos para los más pequeños de la casa es la mezcla de agua oxigenada y colorante por un lado y jabón y levadura por otro. Cuando se mezclan ambas disoluciones se produce una divertida explosión de color.

 Dibujar con una pistola de color

Finalmente, si tienes espacio suficiente en el jardín de tu casa o en la playa, puedes hacer que tu hijo emule a los campeones de tiro olímpico. Simplemente tienes que coger un papel grande y dibujarle pequeños puntos sobre los que el pequeño, con una pistola de agua precargada con tinta diluida, dispare, de modo que al final forme unas letras, un dibujo o una pista para una gincana. ¿Quién dijo que la experimentación no era divertida?

En definitiva, una experiencia inolvidable para los niños que puso de manifiesto que para investigar en casa no hace falta ser Albert Einstein ni Marie Curie.

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