La precursora del arte contemporáneo

Patricia Belli, pintora, escultora y precursora del arte contemporáneo en Nicaragua, hace un repaso por su obra. A los 18 años decidió que se dedicaría por entero al arte. Quiso ser doctora y también bióloga. Hoy dirige una escuela que sirve como espacio para la investigación y la reflexión artística, por la que han pasado más de 400 artistas.

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En la década de los 90, cuando la palabra “instalación” no estaba relacionada con las artes, el nombre de Patricia Belli ya tenía su lugar. Esta pintora y escultora de hablar desenfadado fue una de las primeras que se inició en el país en el arte contemporáneo. Actualmente dirige EspIRA, una escuela para jóvenes artistas que promueve la investigación y la reflexión artística.

Sentada en una banca, en el jardín del Palacio de la Cultura de Managua, donde esta semana se encontraba montando una exposición de sus alumnos, Belli contó que desde pequeña empezó a experimentar con objetos.

“Me encantaban los legos, los juguetes para armar. Agarraba los desperdicios de las botellas, las cosas que iban sobrando. Me encantaban las tapas de las cajas de los tomacorrientes. Con todos los sobrantes hacía cosas que tenían componentes funcionales. Sería muy pretenciosa si dijera que eran máquinas”, recuerda.

Desde muy pequeña pintaba. “Copiaba las caras de la gente que salía en las revistas, los objetos, los paisajes…”.

“Decidí dedicarle mi vida al proyecto del arte cuando tenía 18 años, pero había hecho un montón de cosas antes que no eran arte, era experimentación, e incluso después de eso hay muchas cosas que no son arte pero sí, desde niña empecé, tenía mucha libertad creativa en mi casa, hacía un montón de cosas, no solo dibujos. Armaba cositas y seguí haciendo eso hasta que me bachilleré”, cuenta.

Cuando salió de la escuela viajó a Nueva Orleans para estudiar medicina. Estando allá descubrió que eso no era lo que quería. “Al inicio yo pensaba estudiar biología, porque tenía mucha afición con la naturaleza. Pensaba que tenía que ser médico… Me metí a una clase sobre arte para tener un respiro de las clases de medicina y descubrí un mundo”. De ese mundo se enamoró y desde entones, no ha salido.

La clase, recuerda, “estaba enfocada en el pensamiento creativo y en el pensamiento crítico y me deslumbró. Me cambié inmediatamente de carrera luego de hablar con mis padres, quienes me respaldaron, quizá no de la manera más feliz… Así inicié a estudiar artes visuales”.

Regresó al país casi al finalizar los años 80 y se metió de lleno a la pintura, destacándose en esa generación de pintores nicas y olvidando por un momento su necesidad por hacer esculturas. “Yo quería ser escultora, artista, quería vivir de eso… Todo el entorno era un impulso a la pintura”.

Belli y otros artistas, entre ellos Raúl Quintanilla, cambiaron la noción del arte e incursionaron a través del Grupo Artefacto en el arte contemporáneo.

“En su origen, 89-90, éramos cuatro artistas: Raúl Quintanilla, Juan José Robles, Juan Rivas y yo, queriendo hacer cosas en el espacio público. Lo único que recuerdo que hayamos concretado fue la intervención en el monumento de Rubén Darío. Lo demás fueron conversaciones y planes. En el 91 yo me fui para Londres, y cuando regresé, en el 92, ya Raúl tenía la revista y en el grupo había crecido. En el 95, me parece, empezaron las exposiciones en la Artefactoría. La idea era hacer instalaciones, y de fondo, hacer un trabajo reflexivo, cuestionador. Mover el arte hacia otro foco, sacudir al público y entusiasmarlo por lenguajes más activos, tanto en su forma como en su punto de vista”.

En ese proceso, recuerda, se iba a comprar ropa usada y hacía cosas con ella para ver qué salía. La exposición “Velos y Cicatrices”, en palabras de Belli, “es el inicio de una etapa diferente”. Esta obra se caracterizó por ser “más táctil, menos acerca de la imagen y más sobre el volumen y el significado de los materiales. Se hicieron instalaciones, una serie de textiles, en ese momento era bien estrambótico”.

Poco después viajó a San Francisco para estudiar un máster en escultura. Hace cuatro años elabora trabajos que tienen que ver con el equilibrio. “Uno va como enriqueciendo su propia mirada y cambiando el trabajo. Hay elementos emocionales, pero más antes que ahora, hoy es menos sobre las emociones del momento, menos catárquico y más reflexivo. Ahora soy mucho más investigativa, esto del equilibrio lo he encontrado trabajando”.

Esto es EspIRA

Para promover el arte contemporáneo nació EspIRA, donde Patricia Belli funge como directora.

Recuerda que esta organización fue fundada porque quería contribuir a la formación de los jóvenes artistas y así promover el arte contemporáneo.

“Lo que no sabía era cuánta gratificación iba a encontrar en ello, porque un artista con una sensibilidad educada, con criterio, con capacidad para cuestionar el mundo y cuestionarse a sí mismo, es una ganancia humana, un ser hermoso que te ayuda a vivir mejor”, dice.

“La Espira es un terreno donde podemos dialogar acerca del arte y acerca de las ideas, las visiones, los estereotipos, la naturaleza, la cultura, la comunicación, la subjetividad y la otredad… y cómo todo eso constituye nuestra manera de percibir y de expresarnos”, agrega Belli.

Por los talleres y las residencias de EspIRA han pasado más de 400 jóvenes, adolescentes y niños artistas de Nicaragua, Centroamérica, Brasil y Estados Unidos.

“Son muy pocos los que han hecho los talleres y las residencias y han permanecido por más de tres años con nosotros, que es cuando se miran los cambios más personales. Cambios ves desde los primeros días y semanas: hacia una comprensión del lenguaje primero, hacia una sofisticación de la forma después, pero a los dos, tres o cuatro años ves un salto hacia algo que es verdaderamente personal, que reúne a esa persona con el mundo, con la forma, y lo hace desde soluciones sorprendentes porque las encontró esculcando, investigando a fondo sus deseos, las ideas propias y las ideas de otros, y dándose la libertad de llevarlas a cabo”, comenta.

“A ese nivel solo hemos capacitado a unos diez, quizá. Pero si te ponés a pensar cuántos artistas contemporáneos hay en Nicaragua, pues son un porcentaje importante. En la bienal próxima veremos cosas que el arte nicaragüense no ha soñado”, adelanta.

Artista destacada

Patricia Belli ha expuesto colectivamente en el Museo del Barrio de Nueva York y en The Modern and Contemporary Latin American Art Show, también de Nueva York. Su obra ha destacado y ha sido seleccionada en las bienales de Artes Visuales de la Fundación Ortiz Gurdián.

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